jueves, 22 de diciembre de 2011

Reformas desaforadas



Por: Pascual Gaviria            

Hace sólo tres años, Colombia vivió con vergüenza uno de sus peores episodios sobre violación de derechos humanos por parte del Ejército.

La palabra hecatombe estaba ocupada en otros menesteres, pero bien pudo servir para nombrar el asesinato de civiles disfrazados de combatientes. Según un reciente estudio del Cinep, entre 2006 y 2008, el período cumbre de la matazón, 835 civiles fueron vestidos de camuflado luego de recibir tiros de gracia. No es injusto decir que en manos de investigadores militares distraídos y en medio de procesos simulados por la justicia penal militar, no tendríamos noticias de cómo enmaletaron a los jóvenes, cómo escogieron al campesino adormilado en un viaje en bus, cómo pulieron la facha de los indigentes antes de vencerlos en combate.

Mientras miles de soldados enfrentan a la Fiscalía y los jueces ordinarios por las ejecuciones extrajudiciales, el Congreso aprueba, al menos por ahora, una reforma constitucional que impone una suposición peligrosa. O mejor, tétrica si uno se atiene a los antecedentes: todos los actos de militares y policías se entenderán legítimos y respaldados legalmente y por lo tanto, en el momento de un reproche penal, deberán ser evaluados por jueces militares.

Según el ministro de Defensa, el artículo no es más que una garantía necesaria para los defensores de la democracia : “…aquello que ocurre en el marco de operaciones militares y policiales es muy importante que sea analizado por una justicia especializada, que conozca las condiciones típicas de esta situación”. El ministro Pinzón intenta separar las operaciones legales de las que involucran violaciones de derechos humanos. Pero sucede que muchas veces se mezclan: lo que comienza con una inspiración legítima puede terminar con un crimen. Y para separar unas de otras son indispensables los jueces sin uniforme.

Mucho se ha hablado de los incentivos perversos que permitieron una cacería silenciosa de militares en busca de blancos civiles. Los incentivos de sangre fueron sin duda claves en esa obsesión por la muerte que cundió en el Ejército. Algún día un soldado desprevenido me dijo con sinceridad infantil: “la moral de uno aquí son las bajitas”. Uno de esos incentivos fue sin duda la casi total garantía de impunidad. En el pico más alto de las ejecuciones los soldados habían perdido por completo el pudor: bajaban a 15 pasajeros de un bus, devolvían a 13 a su ruta y a los dos días presentaban como guerrilleros a los dos que se habían ganado la macabra ruleta. Es conocido el caso de un investigador de la justicia penal militar en Urabá al que le pareció imposible ocultar las evidencias de los crímenes: guerrilleros vestidos con botas recién compradas. El hombre comenzó a enviar los casos a la justicia ordinaria y como es lógico muy pronto estaba vestido de Everfit.

Se habla de la persecución implacable contra los militares. Pero tampoco hoy es fácil lograr una condena por el asesinato de civiles. Se requieren peleas de años para que la Fiscalía plantee un conflicto de competencia y el Consejo Superior de la Judicatura lo resuelva a favor de la justicia ordinaria. Ese es apenas el comienzo de un juicio imparcial. No es justo que los militares pidan la impunidad a cambio de sus éxitos y sus sacrificios.

El Espectador

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domingo, 18 de diciembre de 2011

Miles de presos políticos son el rostro de la empatía acribillada

Avance del informe: Colombia y sus miles de presos políticos silenciados


La cantidad alarmante de presos políticos pone de manifiesto una situación gravísima de represión contra el pensamiento crítico, contra la reivindicación social y el derecho a la participación política, sólo comparable a la situación de vulneración a las libertades de una dictadura militar.


. Introducción a una realidad invisibilizada 

Hay al menos 7.500 presos políticos en Colombia, otro triste ‘record’ de un estado cuyo nivel de represión y exterminio de la oposición rebasa incluso el de las dictaduras asumidas como tal, y que goza sin embargo de amplio beneplácito en la diplomacia internacional, porque muy fácilmente la llamada“comunidad internacional” cierra los ojos sobre genocidios, si éstos permiten el saqueo de los recursos del país anegado. La mayoría de los presos políticos en Colombia son civiles encarcelados bajo montajes judiciales: sindicalistas, periodistas, académicos, estudiantes, ambientalistas, campesinos encarcelados para callar su reivindicación social, desintegrar la organización política, y callar el pensamiento crítico. La práctica represiva de los encarcelamientos arbitrarios sigue recrudeciéndose. El 90% de los presos políticos son civiles, los presos políticos y de guerra de las organizaciones políticas militares FARC y ELN son aproximadamente el 10% del total de presos políticos. 

Presento en esta introducción dos testimonios de presos políticos por ser esclarecedores de una realidad silenciada: 


El profesor Miguel Ángel Beltrán, años preso político: “ La actitud de que a todo aquel que investiga la realidad social con un lente crítico se le tilda de guerrillero proviene de un Estado que persigue y criminaliza a quienes pensamos diferente. Mis escritos han sido tomados como prueba para acusarme del delito de rebelión, lo que constituye una clara persecución al pensamiento crítico.   El propósito del régimen al mantenerme privado de la libertad, es enviar un claro mensaje a los académicos críticos y a la universidad pública en general: 'cuídense de estudiar el conflicto social y armado con una perspectiva diferente a la oficial, porque miren lo que les puede suceder’. Y esto cala en algunos sectores.”   [1]  

Marinelly Hernández, presa política y de guerra testimonia de las aberrantes torturas que el estado colombiano comete contra los familiares de los insurgentes, una realidad silenciada: “A nuestro padre el Ejército colombiano, en unión con los paramilitares lo colgó vivo de sus manos introduciendo ganchos en sus extremidades como si fuera carne de carnicería, luego le chuzaron el estómago y todo su cuerpo con una navaja, después arrollaron sus labios como se les taja a los pescados, por último, le dieron un tiro de gracia en su cabeza; según medicina legal a nuestro padre lo torturaron vivo. Mi papá tenía 70 años de edad, ¿Cómo es posible que hagan eso con un anciano, tildándolo de guerrillero? Acaso por yo ser revolucionaria ¿Tenían que cobrarlo con la vida de mi padre?” [2]  

Marinelly, de una familia campesina, narra que durante su niñez vivió en carne propia las agresiones que el Ejército colombiano desató contra el campesinado por pertenecer al partido opositor Unión Patriótica (UP); fue testigo de múltiples asesinatos de campesinos, amigos, y familiares, cuyos cuerpos eran abandonados con señales de tortura o desmembramiento: “parte de la guerra sucia y psicológica que implementaron para asustar a los luchadores populares.” 

La prisionera explica que las violaciones del Estado colombiano la empujaron a la insurgencia, como su: “única forma de preservar la vida, luchar por ella y reclamar nuestros derechos”, y evitar “terminar masacrada, torturada o discapacitada por ser ejemplarizada como quedan muchos campesinos, o terminar siendo desplazada y viviendo de las limosnas en las ciudades”. [Ibíd. ]  

El trabajo de los defensores de derechos humanos y abogados de presos políticos es dificilísimo, siendo estos víctimas de una encarnizada persecución estatal que ha conllevado desapariciones forzadas, asesinatos, y hasta encarcelamientos de defensores y abogados de presos políticos. Por esta razón los estudios, denuncias y la comunicación con los mismos presos se ve dificultada. La persecución contra los que ejercen la solidaridad con los presos políticos, el aislamiento, los traslados, los castigos contra los presos defensores de derechos humanos y las amenazas contra familiares, aunados al implacable silencio de los medios masivos de comunicación, constituyen la invisibilización de una realidad cuyas dimensiones ponen de manifiesto el carácter profundamente antidemocrático del estado colombiano.

Esta subvaloración mediática de los miles de presos políticos ha domesticado incluso las mentes de gran parte de la “izquierda”, que no los reclama debidamente; adoptando como prioridad los reclamos que imponen los mass-media y dejando casi olvidados a los miles de mujeres y hombres que están hoy tras las rejas por empeñar sus vidas en la defensa de los derechos humanos y la justicia social.

A la dramática situación de vulneración del derecho a conciencia, opinión y organización social, se le suma que los presos y presas están sufriendo condiciones de reclusión insalubres, con un hacinamiento extremo y la proliferación de epidemias correlativa; sufriendo penurias de los mínimos vitales que son formas de tortura y de vulneración a la integridad y a la salud como la privación de acceso al agua por períodos prolongados [3]; sufriendo atentados contra su salud y derechos básicos como lo es el suministro de alimentación en estado de descomposición o contaminada hasta por materia fecal [4], como se ha comprobado en varios penales.

De igual manera se denuncia la práctica de aislar a ciertos presos políticos en medio de patios paramilitares, como medida evidente de atentar contra sus vidas. A eso se le suman otros crímenes de estado contra la población carcelaria, como lo son las torturas físicas y sicológicas y la tortura de denegación de asistencia médica .  

La declaración del último encuentro en solidaridad con los 7.500 presos políticos, expresó: 

“El Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario es la principal entidad del Estado comprometida con las torturas, tratos crueles e inhumanos y con su participación en la comisión de delitos de lesa humanidad. Denunciamos la entrega de prisioneros políticos por parte del INPEC, a los grupos paramilitares a las salidas de los centros de reclusión, y la muerte de los prisioneros (…) El hacinamiento obedece al aumento de internos como política criminal del Estado de aumentar el número de conductas punibles y las penas para delitos que ‘atentan contra la seguridad del Estado’. Se mantienen las condiciones degradantes expuestas en la sentencia de tutela T- 153 de 1998, que declaró que el sistema penitenciario colombiano violaba de manera masiva y estructural los derechos fundamentales de las personas privadas de la libertad, definiendo la situación como un Estado de cosas inconstitucional.” 
[5]

Apenas finalizado el encuentro, las retaliaciones del estado se desataron: tomando sanciones arbitrarias contra presos y presas políticas y arremetiendo con especial brutalidad contra la protesta pacífica de los presos en la cárcel de Valledupar que estaban amarrados a 15 metros del suelo desde hacía semanas en protesta por las torturas, privación de agua y tratos degradantes que les infligen [6]. La policía procedió a soltarlos con violencia de las estructuras a las que estaban amarrados provocando caídas de hasta 15 metros de los presos; para luego encerrarlos y torturar a los que estaban aún concientes. Los presos del penal relatan que oían atroces gritos de tortura y que asimismo vieron como la policía sacaba cuerpos inertes en sábanas. Se contaron más de 30 heridos, y 5 prisioneros quedaron entre la vida y la muerte [Ibíd.]

2. Vulneración de las libertades solo comparable a una dictadura militar: la sociedad entera es agredida

La cantidad alarmante de presos políticos pone de manifiesto una situación gravísima de represión contra el pensamiento crítico, contra la reivindicación social y el derecho a la participación política, sólo comparable a la situación de vulneración a las libertades de una dictadura militar. La existencia de miles de presos políticos es relevante no solo para las mujeres y hombres que son víctimas del encarcelamiento por sus ideas, no solamente para sus familiares que son sumidos en el dolor y la persecución, sino también para la sociedad en su conjunto: en efecto, los presos políticos son seres humanos arrancados a la sociedad, privando a esta del capital humano de seres encarcelados precisamente por su entrega a la comunidad, por su indispensable trabajo documental, jurídico, docente, periodístico, sociológico, sindical, ambientalista. Es un atentado contra el desarrollo de un pueblo. Lo que busca el estado es desarticular la organización social, hacer desaparecer el tejido socio-político que pugna por un cambio en las relaciones de poder, de desigualdad social, de tenencia de la tierra. Las desigualdad social en Colombia es extrema. Colombia es el 3er país más desigual del mundo, justo tras Haití. En Colombia mueren anualmente 20.000 niños por falta de agua potable, en el 4to país con más riqueza hídrica del mundo. Ante la reivindicación social natural que surge de esta situación de inequidad, el estado, funcional al gran capital nacional y transnacional que se enriquece en base a la explotación laboral y al saqueo de los recursos, reprime de manera brutal: con sus herramientas oficiales (ejército, policía, fiscales) y paraestatales (la herramienta paramilitar) aumenta los asesinatos, las desapariciones forzadas y los encarcelamientos arbitrarios de intelectuales críticos, de activistas de procesos comunitarios, de organizaciones estudiantiles, campesinas, indígenas, afrodescendientes, viviendistas, ambientalistas, sindicalistas, etc.


* Este texto forma parte del dossier  Colombia y sus miles de presos políticos silenciados”   que abarca el contexto de intereses económicos y la represión política correlativa, las condiciones de tortura, los montajes judiciales, la invisibilización del drama y lo que su existencia pone de manifiesto. El índice de capítulos del dossier puede consultarse tras las Notas del presente avance.  

NOTAS 

[1] Miguel Ángel Beltrán en la entrevista del 14 de abril 2011, "La verdad resulta incómoda para el sistema" http://www.traspasalosmuros.net/node/360 
[2] Marinelly Hernández, presa política y de guerra testimonia y se declara en Ruptura con el Estado colombiano, ante un juez de Quibdó:http://www.traspasalosmuros.net/node/359 
[3] La privación de agua por días seguidos es una práctica reiterada en centros como el de Valledupar, al interior del cual las temperaturas rondan los 35- 40 grados; los presos enferman debido al agua infectada, y las infecciones no tratadas por denegación de asistencia médica han producido incluso fallecimientos. En los centros de Bogotá y de lugares más fríos, una de las prácticas lesivas para la salud de los presos es bañarlos con agua helada, y obligarlos a permanecer así desnudos en patios con temperaturas que pueden rondar los 5 grados, como lo denuncian los presos del centro ERON cuyas prácticas son inspiradas del modelo carcelario estadounidense que se impone a Colombia. "Proyectada para albergar cerca de 4000 presos, las instalaciones del ERON- Bogotá no cumplen con las normas mínimas consagradas por los protocolos internacionales para el tratamiento de las personas privadas de la libertad. (...) se nos obliga a hacer nuestras necesidades fisiológicas a la vista pública, violando el derecho a la intimidad; mientras que por patio se dispone de ocho duchas comunales para una población de 220 internos. La luz solar jamás entra al penal y las condiciones de iluminación y aireación son precarias; y no obstante las bajas temperaturas del penal, no se nos ha dotado de cobijas pero tampoco se autoriza su ingreso(...) Para los desplazamientos se nos esposa. Situación que contrasta con la ausencia de cámaras dentro de los pasillos y patios, facilitando la realización de actos ilícitos por parte de las autoridades penitenciarias." Denuncian cárcel de tortura ERONhttp://www.traspasalosmuros.net/node/448 
[4] “ Condiciones inhumanas, golpizas y tortura persisten en la prisión de alta seguridad de La Tramacúa, en Colombia, aseguró Alliance for Global Justice. Se priva a los presos de agua y la comida contiene materia fecal o está podrida, según han constatado la Comisión para los Derechos Humanos de Naciones Unidas y distintas ONG, y existen condiciones sanitarias deficientes” Se agrava situación en La Tramacúa, penal colombiano de alta seguridad ‘La Jornada’, 17 de mayo de 2011 http://www.traspasalosmuros.net/node/429 “La Tramacúa”: El Abu Ghraib de Colombia”. Primera parte en la serie de la represión diseñada por los EEUU en el sistema penitenciario colombiano James Jordan / Viernes 20 de agosto de 2010http://www.prensarural.org/spip/spip.php?article4487 Leandro se cansó de comer heces en la cárcel y se suicidó hoy http://www.soyperiodista.com/noticias/nota-6601-leandro-se-canso-de-comer-heces-la-carcel-y-se-sui 
[5] Encuentro nacional e internacional en solidaridad con los 7.500 presos políticos colombianos “Larga Vida a las Mariposas”. Declaración final, junio 2011. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=130004&titular=conclusiones-del-encuentro-nacional-por-la-libertad-de-los-prisioneros-pol%EDticos- 
[6] Urge asistencia médica para los más de 30 heridos y cese de la violencia policial; Brutal desalojo de protesta pacífica en el penal de Valledupar deja 5 prisioneros en estado crítico http://www.rebelion.org/noticia.php?id=130317&titular=brutal-desalojo-de-protesta-pac%EDfica-en-el-penal-de-valledupar-deja-5-prisioneros-en-estado- 

Capítulos del informe: 
1. Introducción a una realidad invisibilizada
2. Vulneración de las libertades solo comparable a una dictadura militar: la sociedad entera es agredida  
3. Despojo, empobrecimiento y muerte para beneficio multinacional; la voz disidente es eliminada  
4. Montajes judiciales, “testigos” pagados y “pruebas” adulteradas fundamentan secuestro carcelario
5. Tras los “computadores mágicos”, los “cibercafés de la selva”
6. Detenciones arbitrarias y montajes judiciales recrudecen en zonas de alto interés económico y contra reivindicaciones fundamentales
7. Persecución política allende las fronteras
8. Aumento vertiginoso de judicializaciones y Hacinamiento carcelario  
9. Grave situación de homicidios de presos a manos de las autoridades por tortura y denegación de asistencia médica  
10. Conclusion. Saqueo conlleva encarcelamientos; alienación mediática conlleva una ética intoxicada de unilateralidad, cuando el intercambio es camino de paz.


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viernes, 16 de diciembre de 2011

500 Achagua resisten el asedio de las petroleras en la región del Meta

La Corte Constitucional da la razón a los indígenas Achagua en su pleito contra el Estado y las petroleras

Enric Llopis
Rebelión
Un sencillo mapa sobre el emplazamiento de los recursos naturales y energéticos en América Latina permite trazar la siguiente ecuación: las fuentes de riqueza se localizan, en gran medida, en los territorios donde habitan pueblos indígenas. La presión de las trasnacionales y los gobiernos sobre estas zonas suele ser asfixiante. Más aún, si albergan petróleo en el subsuelo. Y más, en Colombia, un país con ínfulas de gran potencia petrolera. En el Meta, una de las regiones colombianas con mayor volumen de oro negro, y donde habitan 526 indios Achagua sobre unas 4.000 hectáreas, no hay otra salida que la resistencia.

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jueves, 15 de diciembre de 2011

El Fidel con boina cumple 50 años

Por: Nyliam Vázquez García.- Fotos: Kaloian  
                              
Este Fidel con boina nos mira todo el tiempo desde 1961. No importa el ángulo en el que nos situemos. Fidel nos observa y nos habla desde esa expresión única fotografiada por Liborio Noval hace 50 años. Para celebrar ese instante de gracia, registrado por el fotoreportero fue inaugurada la exposición Haciendo Historia, con esa y otras obras del artista, en la Galería Nelson Domínguez de La Habana Vieja.

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